Todos
soñamos
destinos
en el que
seremos
invariablemente
felices.
Y en ese
estado
de euforia
elegimos
los
caminos.
Después
la vagancia,
la mala suerte,
las decisiones
erradas,
nos llevan
a un punto muerto
en donde
la gente
cansada
y triste
se enoja
con todo
menos
con ellos
mismos.
De un abismo
de nada,
sacamos
todas
las
certezas.
Guarda
con el fuego amigo.
Guarda con cargar
con tanta oscuridad
que no nos permita
apuntar bien
y terminemos
lastimando
a lxs cómplices
que nos bancan
y quieren.
Siento
que desde
hace un tiempo,
todo lo vivido
se esfuma
en recuerdos
que son
falsos
para que nunca
cruce
sobre
los puentes
que
mi imaginación
ha
construido.
Todos
pensamos
que
los buenos
en
este
cuento,
somos
nosotros.
La vida,
con delicada
demencia,
nunca cree
que son suficientes
las derrotas
que nos puede
obsequiar.
Siempre
puede
haber
una más.
Hasta
la última,
la derrota final,
la que
termina
con
nuestra
vida.
El espanto
al escuchar
de quien
uno quiere,
la sirena
de la
policía
anunciando
cada
palabra
cómo
debe
ser
escuchada,
y
como
debe
ser
entendida.
Ya no quiero versos
que me consuelen
esta noche.
La compasión
es un viejo cascarrabias
babeándome la oreja,
es mentira enmascarada
de soberbia y asco.
Hoy disfruto
mis ojos
que
solo son lluvia y rabia
apareándose confundidas.
Un cargamento
sobre tus hombros
El peso
que es
demasiado,
y tu voluntad
de llevarlo,
orgullo
de
esclavo.
Más allá
de los laberintos
de la
vida,
existen
caminos
que nos trazan
los que dicen
querernos,
pero
(letra chica)
dañados ellos
dañados nosotros.
Y así
vamos,
a los tumbos
por senderos
que de tan
mal paridos
viven
gastados.
Vivimos
llevando
como
bandera
la
idea
suicida
de
que
muertos
vamos
a oler
mejor
que
los
demás.
Me agotan
los días
que saben
a sal
sin mar.
Solo
un desierto
de horarios
y gente
que no
son
para
nada,
oasis
en donde
poderte
refugiar.
El mantel
sucio,
la comida
asquerosa,
la familia
rota,
vos
dañado.
Y el mundo
igual
que siempre,
impertérrito,
observándonos
con su mirada
de
tiburón,
como
otro
más
que se
cree
especial,
un grano
de arena
diferente
a
los
demás,
se
compadece
inútilmente
de
sí
mismo.
La única
herencia
que te dejó
fueron
esas
malditas
palabras
que rasparon
tanto
donde
debían
acariciar.
La sospechosa
coincidencia
entre
lo que pienso
hoy
y de lo que
me
arrepentiré
mañana.
Despierto.
Me visto
de confusión.
Y
en una epifanía
de café
y
desesperación,
me doy cuenta
que
para volver
a
nacer
habrá
que quemar
los bosques
de lo
que fui
y
ser
desierto
otra
vez.
Ayer
fue
el primer
día
de la
invasión.
Yo
Polonia
soy
en esta guerra
del
amor.
El enemigo,
aliado
al Tiempo,
tomó de rehén
lo que más
te importa:
Tu descendencia.
Y en el momento
en el que,
por ejemplo,
estás
decidiendo
si educación
privada católica
o
empresarial,
(vos
tan anarco
que eras)
se vence
tu carnet
de rebelión,
tu aspiración
a ser
algo más
que tus padres,
firmás
el testamento
que nadie
querría
heredar,
tu rendición
incondicional
bajo
la promesa
ilusa
de no caerte
de un sistema
que ayer nomás,
soñabas
incendiar.
Cambiamos
molotovs
por CVs
Fracaso
ante
el rostro
de aquel
que nunca
fuí.
No te preocupes
pero
decidí
ser fiel
a la idea
de pertenecer
a la guerrilla
de los que
prenden
fuego
a los recuerdos
de los lugares
en donde
nos lastimaron
ayer.