De todos
los que nos
marcan
con su peste
de cotidianeidad
como ganado
para la faena.
De los que sonríen
al querernos matar.
Estrategia de cobardes
que nos ven a la cara
y guiñan un ojo
solo para apuntar mejor
un arma
que suplica
por un gesto
que demuestre
que los vamos
a perdonar.
De los que prometen cosas
que no les pedimos.
Ambicionan
cumplir
su parte podrida
en nuestro destino.
Y al fin
mucho cuidado
en ocuparnos
de nosotros mismos
y nuestra ambición
de vivir la vida
con un puño ajeno
todo el tiempo
a cinco centímetros
de la cara
y el inexplicable
orgullo
de no querer
aprender
más
nada.
los que nos
marcan
con su peste
de cotidianeidad
como ganado
para la faena.
De los que sonríen
al querernos matar.
Estrategia de cobardes
que nos ven a la cara
y guiñan un ojo
solo para apuntar mejor
un arma
que suplica
por un gesto
que demuestre
que los vamos
a perdonar.
De los que prometen cosas
que no les pedimos.
Ambicionan
cumplir
su parte podrida
en nuestro destino.
Y al fin
mucho cuidado
en ocuparnos
de nosotros mismos
y nuestra ambición
de vivir la vida
con un puño ajeno
todo el tiempo
a cinco centímetros
de la cara
y el inexplicable
orgullo
de no querer
aprender
más
nada.
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