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lunes, 23 de julio de 2018

Y es el coro afónico,es la guerra que no estalla más,la huelga eterna en los corazones,son el calor y la humedad pegoteando las palabras dentro tuyo,el peso muerto de nosotros mismos soportándonos hace ya demasiado tiempo.Tengo fe en un mar que no he visto,en las almas incendiándose en los barrios llenos de vecinos que juzgan todo,en el viento que nos trae palabras para consolarnos cuando lo que es real para los demás es solo un boceto de algo que ni nos molestamos en imaginar.
Que pasará mil kilometros más allá?Y en la otra calle?Quien vivirá en esa casa?Que es lo que hace que cada mañana se quiera despertar?
El olor a manada apesta,demasiados de nosotros hablando de cosas que otros masticaron ya dos o tres veces.Y nadie se corre de la vía mientras miran el tren que los va a arrollar,y su última mirada es la conciencia de los días perdidos,la siesta que duró demasiado,los gritos que no se dieron,los abrazos que se guardaron para la primavera que nunca llegó,los besos a cambio de humillarnos,los proyectos que se ahogaron en un bar.
Fuí estafado a conciencia,compré todos los espejitos de colores que me ponía la vida, cada día que abría los ojos y creía que lo real eran estos fantasmas aconsejándome,borrachos de normalidad.
Ahora,es el cielo mojándome la oreja a ver si me atrevo,la calma desafiándome a hacer lo que quiero,la locura marcándome la línea de lo que no debo.
Y yo,corazón de preso,formando la guerrilla que acabe con todo esto.

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