A veces,
el precio a pagar
es demasiado alto.
La mirada del otro,
entre perdida y compasiva,
ajustando inútilmente
sus coordenadas
para encontrarle sentido
a cada palabra
que decimos
en el idioma
de los que
se pierden
por no dejar
nunca
de buscar.
el precio a pagar
es demasiado alto.
La mirada del otro,
entre perdida y compasiva,
ajustando inútilmente
sus coordenadas
para encontrarle sentido
a cada palabra
que decimos
en el idioma
de los que
se pierden
por no dejar
nunca
de buscar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario