Un millón
de personas
cada lunes
enciende
la mecha
de una bomba
que el
fin de semana
desactiva.
Un millón
de personas
cada lunes
declara
una guerra
que
cada viernes
pierde
sin
pelear.
Una zanahoria
que se come
otro,
uno
que no es
uno,
alguien
que a diferencia
de la mayoría
muere
vivo,
con cicatrices
de los hermosos
días
de las batallas
que pudo
ganar.
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