El extrañarte
lograba
que las
cadenas
pesaran menos.
El encontrarte,
que ya no
las
sintiese.
Estaba tan feliz
que el hierro
solo parecía
un dibujo
que algún
demonio
ponía sobre
mí
como
travesura.
Pero estaban
ahí.
Y te odié
y me odié
por eso.
Por llamar
Amor
a mi burdo
intento
de querer
cambiar
el final
de este
mal
cuento.
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