De cadenas
hablamos mucho
y sabemos
poco.
Sabemos
que pesan
Sabemos
que hemos
permitido,
demasiado
fácil,
que
nos aten
con ellas
Sabemos
que algunas,
inclusive,
nos calientan,
(y no solo
sexualmente)
Forman
refugios
que nos protegen
como lo hace
la jaula
al animal,
de esa ruleta rusa
que es
tener
que decidir,
mientras
juramos
que existimos.
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