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domingo, 28 de febrero de 2021

No hay lenguaje

que explicite

tanto

la intención,

como el

de la

mirada.

Su involuntaria

y obscena

sinceridad

contrasta

con 

las palabras

que 

maquillan,

siempre

mal,

la cara

del monstruo

que suele

ser

nuestra

persona.

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