Archivo del blog

viernes, 2 de agosto de 2019

Los olvidos
no son fortuitos.
Nos alejamos
de aquello que lastima
de una manera brusca
si son esporádicos,
solitarios.
Pero de los dolores
constantes
y
tercos,
mientras sean
acompañados
de goces
eventuales,
nos hacemos
adictos
de manera
instantánea,
creyendo
que hay un propósito
que todavía
se nos escapa
pero
que tarde o temprano
se nos revelará.
Estamos presos
de una cárcel
visible para todos
menos
para la fe
enferma de esperanza,
de nuestra
mirada.






No hay comentarios:

Publicar un comentario