Los olvidos
no son fortuitos.
Nos alejamos
de aquello que lastima
de una manera brusca
si son esporádicos,
solitarios.
Pero de los dolores
constantes
y
tercos,
mientras sean
acompañados
de goces
eventuales,
nos hacemos
adictos
de manera
instantánea,
creyendo
que hay un propósito
que todavía
se nos escapa
pero
que tarde o temprano
se nos revelará.
Estamos presos
de una cárcel
visible para todos
menos
para la fe
enferma de esperanza,
de nuestra
mirada.
no son fortuitos.
Nos alejamos
de aquello que lastima
de una manera brusca
si son esporádicos,
solitarios.
Pero de los dolores
constantes
y
tercos,
mientras sean
acompañados
de goces
eventuales,
nos hacemos
adictos
de manera
instantánea,
creyendo
que hay un propósito
que todavía
se nos escapa
pero
que tarde o temprano
se nos revelará.
Estamos presos
de una cárcel
visible para todos
menos
para la fe
enferma de esperanza,
de nuestra
mirada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario