Si alguna vez
me ves
esquivando tu paso
evitándote
para no hablarte
o
ni siquiera saludarte
no es mala onda
te lo juro.
Es solo
que a veces
hay días
momentos
minutos
en los que
el otro
es algo
imposible
de soportar.
No es para
preocuparse
tanto.
Las casualidades
o elecciones
nos arriman
al capricho
de sentimientos
que nacen casi
abortados.
Estoy seguro
que yo integro
el ejército
de apestados
de unos cuantos
que me evitan
y
a los que
les daría
-aún así-
mil abrazos.
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