A veces
la desgracia,
la cárcel
en la que
nos mete
el daño,
solo
es
que
con los años
se acentúa
la acción
de raspar
con desesperación
en cada
recuerdo
de las acciones
de nuestros
padres
para
que nos indique
algun
indicio
alguna señal
de que realmente
alguna vez
nos
quisieron.
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