Nunca olvidé
las veces
que alguien
me lastimó.
Nunca.
Las he barrido
bajo
la alfombra
pero sé
que están ahí.
A veces
hay días
dificiles
y la mugre
se rebela,
escapa,
ahoga.
Pero tambien
(y esto es muy
importante)
no he olvidado
las veces
que alguien
ha sido
bueno
conmigo.
Estos dos tipos
de recuerdos
vuelan
sobre mí.
Todos los días.
He aprendido
a sonreír
en la oscuridad
y a llorar
en la liviandad
sin que eso
me distraiga
del hecho
de que
sobrevivir
en este mundo
es una
victoria
que siempre
merecemos
celebrar.
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