Cada tanto
nos prendemos
al deseo
del otro
como abrojo
de campo
Solo porque
pasan cerca
nuestro
y uno
con ganas
de pasear
Hasta
que se dan
cuenta
que somos
rotos
que viajan
acompañando
pero que nadie
quiere
retener.
Nos descartan
en cualquier
lado
y nos
volvemos
a
perder.
El mar
nunca
se cansa
de dar
respuestas
a personas
que no saben
escuchar.
Un millón
de personas
cada lunes
enciende
la mecha
de una bomba
que el
fin de semana
desactiva.
Un millón
de personas
cada lunes
declara
una guerra
que
cada viernes
pierde
sin
pelear.
Una zanahoria
que se come
otro,
uno
que no es
uno,
alguien
que a diferencia
de la mayoría
muere
vivo,
con cicatrices
de los hermosos
días
de las batallas
que pudo
ganar.