Es
lo más dulce
que me han
dicho:
"Te hubiese
matado
sino
te quisiese
tanto"
El amor
es una
enfermedad
con algunos
síntomas
dulces
y
que nunca
te inmuniza.
De una inocencia
cruel
son algunos
niños
con corazón
de
plomo.
Tan
con destino
de daño
que quema
solo
querer
abrazarlos.
El extrañarte
lograba
que las
cadenas
pesaran menos.
El encontrarte,
que ya no
las
sintiese.
Estaba tan feliz
que el hierro
solo parecía
un dibujo
que algún
demonio
ponía sobre
mí
como
travesura.
Pero estaban
ahí.
Y te odié
y me odié
por eso.
Por llamar
Amor
a mi burdo
intento
de querer
cambiar
el final
de este
mal
cuento.
De cadenas
hablamos mucho
y sabemos
poco.
Sabemos
que pesan
Sabemos
que hemos
permitido,
demasiado
fácil,
que
nos aten
con ellas
Sabemos
que algunas,
inclusive,
nos calientan,
(y no solo
sexualmente)
Forman
refugios
que nos protegen
como lo hace
la jaula
al animal,
de esa ruleta rusa
que es
tener
que decidir,
mientras
juramos
que existimos.
Tu única
ambición,
tu latir
a contramano,
pasó a
ser
solo
el estar
preocupado
en no estar
a la
altura
de tus
últimos
fracasos.
Morir
pidiendo
permiso.
Morir
a un
costado
del camino.
Morir
queriendo
y no pudiendo,
Morir
deseando
respirar
algo más
que el aire
de lo
no
vivido.
Vivo pensando
en las cosas
equivocadas.
Vivo creyendo
que el bien
o
el mal
hacen
alguna
diferencia.
Vivo caminando
sobre hojas
escritas
por mí
que cuentan
de manera
desesperada,
una historia
ficticia
con
final
feliz.
Lo terrible
es que cuando
tomamos
la espantosa
opción
de esperar
que las cosas
cambien
por si solas,
solo
estamos
caminando
en círculos,
en un hall
de
sillas
vacías
mientras
el mundo
se ríe
de la broma
que somos
y que
solo a
nosotros
lastima.
Lo más valiente
que pude
hacer.
Dejar
para mañana
lo que
me iba
a
asesinar
hoy.
Sin prestar atención
a nada
8 am,puntual,
volvés a pasar,
llevando con orgullo
la máscara de tu cara
resignada
a esto
que los locos llaman
normalidad.