No hay lenguaje
que explicite
tanto
la intención,
como el
de la
mirada.
Su involuntaria
y obscena
sinceridad
contrasta
con
las palabras
que
maquillan,
siempre
mal,
la cara
del monstruo
que suele
ser
nuestra
persona.
Amaestré
a mis propias
palabras
para que
sepan
disimular
lo que
sé,
lo que
siento,
y para que
sepan decir
lo que
nunca
pensé.
De golpe
lo dicho
se transforma
en pared,
en algo
que huele
a
muerte
pero también
a
miel,
recuerdo
de
una
foto
que nunca
nadie
imprimió
y que
pasó
a ser
viento
que
pasó
y nunca
volvió.
De los recuerdos
no me
salvo.
Pero:
nunca nadie
edita
mejor
que
yo
lo que
quiero,
y como
debo
recordarlo.
Y eso
hace
que viva
bien,
que aprenda
poco
y dañe
mucho.
A mí
y a los
demás.
Es el
precio
que gustoso
pago
para
no ver
algunas
fotos
espantosas
que la Vida
se divirtió
en
sacar.
Sos
un dios
Pero
de un
pantano
que es todo
tu
reino
mágico.
Viste
la oportunidad
de sentir
algo más
que curiosidad
y caíste
en la trampa
de desear
la rutina
como
fórmula
eficaz
y cobarde
de
seguridad.
Prefiero
la paz
esquizofrénica
de vivir
en una guerra
no
declarada
que esta
tranquilidad
de sala
de espera
que desespera
por ser
tierra
arrasada.
Por vivir
lamiendo
el bronce
de los que
hablan
mierda
de
mí,
trasciendo
el
momento
y
paso
a
ser
un recuerdo
que el tiempo
mata
sin
ningún
esfuerzo.
Presto palabras
para intentar
guionar
la opinión
que
los demás
tienen
de
mí.
Me juro
lealtad
Gano
una batalla
que no
evita
que pierda
la
guerra.
Destruyo
al ego
con la
bestialidad
de una palabra
dicha
sin
pensar.
Son
similares
al tacto
(por eso
la confusión,
por eso
el dolor)
la serpiente
que se
esconde
en
tu boca
y la caricia
queriendo
nacer
en
tu
mano.
No desconfié
nunca
de aquellos
que
sonreían
cuando
debían
llorar.
Tendría
que
haberlo
hecho.
Vi
hace poco
mi futuro.
Era carmesí
Tenía aroma
a uva,
y a un campo
en el que
alguna vez
corrí
feliz.
Vi hace poco
mi pasado.
Era una calle
de barrio
a la hora
de la siesta,
mitad paraíso
mitad
cárcel.
La promesa
de una cerveza
fría
y un enamoramiento
que empezaba
a
clarear.
Mi presente
no me
engaña
pero
a veces
juega
conmigo,
hablándome
como alguien
que está vivo
y es mi
amigo.
Siempre
esperando
que mueva
yo primero
la ficha
del
olvido.