El tipo
que
va
delante mío
cada mañana
y que me
encuentro
al salir
de mi casa
rumbo
al trabajo
camina lento.
Muy lento.
Se parece
a mí.
Los dos
mantenemos
la distancia,
sin apurarnos.
Algunos
nos pasan,
murmuran
enojados
por nuestra
lentitud.
Los entiendo.
Pero
que ellos
nos entiendan
a nosotros.
Allá ellos
y su apuro
por llegar
a un lugar
al donde
nadie
quiere
ir.
Quién
nos puede
culpar?
Quién
iría
apurado
al cadalso,
sabiendo
lo que
nos va
a
pasar?
No hay comentarios:
Publicar un comentario