Dejan recuerdos
que luego
por pereza
y comodidad,
clasificarán
y archivarán
en la lógica
hormonal
de un cuerpo
que cree
que todo
lo puede.
Para ser
desempolvados
en aquellas
ocasiones
siniestras
en donde
la propia
existencia,
gastada
por
el tiempo,
nos demande
la necesidad
urgente
de la mentira
para
darle
sabor
a días
que son
24 horas
de un clavo
chupado
tras
otro,
preparados
para ser
colocados
en nuestro
futuro
ataúd.
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