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lunes, 5 de febrero de 2018

Te desafío
a un juego vano:
querer ser
siempre
malo.
(alguna vez
pensaste
que eso
te iba a proteger)

Si en realidad
toda la vida,
mientras te construías,
fuiste el pibito
que lloraba
porque los demás
no entendían
tu urgencia
por aplaudir
todas
las derrotas
y querer
a los perdidos
siempre
aún sabiendo
que eso te condenaba
a un futuro
demente
de elegir
quedarte
a cuidar heridos
en los laberintos
y despreciar
todas
las salidas
que con desesperación
día a día
dibuja
tu mente
Gastando el aire
(y que no importe)
por tu terquedad
guerrilla
de ver
al mundo
como un abismo
que en días-oasis
cagas
a balazos
de insensata alegría.


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