Me encontré de casualidad a un antiguo cómplice cuyas palabras en esos días,eran espadas que arremetían una y otra vez contra esa absurda diosa que llamamos Normalidad.El tiempo le gastó la lengua hasta hacerlo hablar ahora como una señora de Belgrano.
Y su antigua enemiga ahora tiene en su casa un altar donde él adora cada día que pasa,con sabor a nada.
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