Muchos se guardan
los elogios
como si fuesen
monedas
que si o si
deben llevarse
a la tumba.
Avaros de la
dulzura,
castrados
del arte de acariciar
con palabras.
Se escudan en la sinceridad
y solo la usan
para marcar
al que se cruce
con su mirada
desesperada
por dañar.
los elogios
como si fuesen
monedas
que si o si
deben llevarse
a la tumba.
Avaros de la
dulzura,
castrados
del arte de acariciar
con palabras.
Se escudan en la sinceridad
y solo la usan
para marcar
al que se cruce
con su mirada
desesperada
por dañar.
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