Uno nunca se escapa
de sí mismo.
Y la mayoría de las veces
solo nos queda la ambición
de decorar la celda
según el capricho homicida
de nuestro instinto.
de sí mismo.
Y la mayoría de las veces
solo nos queda la ambición
de decorar la celda
según el capricho homicida
de nuestro instinto.
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