Y parece que el intentarlo no es suficiente.
Hacen falta huesos rotos e imaginaciòn irreverente
como para sacrificar el alma
en juegos
que puedan terminar perdiendome.
j
Hacen falta huesos rotos e imaginaciòn irreverente
como para sacrificar el alma
en juegos
que puedan terminar perdiendome.
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