Un suave
sabor
a
soledad
que
paradójicamente
siempre
te acompaña,
disimulado
entre tantas
palabras
que
decís
y
escuchás.
Quisimos
ser graciosos
en este
campo
de concentración
Y solo
pudimos
lograr
una mueca
casi un aullido
murmurado
en donde
nuestra
desesperación
pedía
una respuesta
a una pregunta
que
no sabíamos
hacer.
De alguna manera
todas las preguntas
se resumen
en una sola:
Como salir
del Infierno
si nunca
supimos
como entramos,
como era lo
otro
que no es
este fuego
de pesadilla
eterno.
Nunca sabemos
realmente
hacia donde
van
las palabras
que
que a
diario
disparamos
impunemente.
Amaestrados,
saludamos
amablemente
y con
agradecimiento
a todos
los monstruos
que todavía
no nos
han
querido
devorar.
No intentes
disfrazar
la melancolía
solo
para agradar
a los demás.
Uno es manada
con el resto,
y a veces
solo la tristeza
de vivir
te salva
de ser comida
fácil
de los lobos
de la normalidad.
Nunca olvidé
las veces
que alguien
me lastimó.
Nunca.
Las he barrido
bajo
la alfombra
pero sé
que están ahí.
A veces
hay días
dificiles
y la mugre
se rebela,
escapa,
ahoga.
Pero tambien
(y esto es muy
importante)
no he olvidado
las veces
que alguien
ha sido
bueno
conmigo.
Estos dos tipos
de recuerdos
vuelan
sobre mí.
Todos los días.
He aprendido
a sonreír
en la oscuridad
y a llorar
en la liviandad
sin que eso
me distraiga
del hecho
de que
sobrevivir
en este mundo
es una
victoria
que siempre
merecemos
celebrar.