Las únicas
opciones
son claras:
Nos iremos
silbando bajito
como
para no
molestar
o
arderemos
todos
los días
un poco
más
hasta
incendiar
por entero
a la iglesia
que sostiene
esta mentira
que llamamos
realidad.
Soñé
tu sonrisa
en el futuro
Lo hacía
en honor
a todo
lo que
hoy
odias.
Imaginé
más tarde
tus lágrimas,
derramadas
sobre los rostros
de los que
te lastimaron
y a los que
nunca
pudiste
olvidar.
Lo llamaste
Locura
y era
solo
soledad.
Cada día
que empieza,
creemos
que
vamos
hacia
un mundo
nuevo.
Uno
que
sin disimulo
nos llena
de cicatrices
mientras
creemos
que estamos
viviendo.
De alguna manera
volviste
a estar de pie
frente
a una pared
que construiste
vos mismo
para poder
seguir creyendo
en
lo que
crees.
Nunca hay nada
bueno
detrás
de las palabras
de quienes
dicen
serlo.
La locura
normalizada
de ser incapaz
de descifrar
lo obvio
de la caída
que planeaste
toda
tu vida
y que
hoy
te
asombra.
Discutir
la derrota
para encontrar
la forma
de que
se haga
costumbre
esto
de vivir
un día
igual
al
otro
y que no
duela
tanto
como
para
hartarse
y querer
ser fuego
en un mundo
en el que
todos
se acostumbraron
a ser
agua
que ni
siquiera
hace ruido
al ser
evaporada.